Rafael Grossi quedó tercero en la primera votación por la ONU
El titular del OIEA terminó detrás de Rebeca Grynspan y Carolyn Rodrígues-Birkett en el primer sondeo preliminar. Aunque el resultado fue adverso, el Gobierno argentino mantiene la expectativa de que la campaña diplomática pueda revertir la tendencia antes de la definición final.

La candidatura de Rafael Grossi para la ONU recibió un revés inicial en la primera votación preliminar para elegir al sucesor de António Guterres, pero todavía permanece dentro de una competencia abierta y sujeta a nuevas negociaciones diplomáticas. El titular del Organismo Internacional de Energía Atómica obtuvo siete adhesiones positivas entre los miembros rotativos del Consejo de Seguridad, quedó tercero y deberá intentar mejorar su respaldo en la próxima instancia, prevista para el 21 de agosto.
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La carrera por la Secretaría General de las Naciones Unidas comenzó a mostrar sus primeros movimientos concretos. En el sondeo reservado realizado entre los 15 integrantes no permanentes del Consejo de Seguridad, Rafael Grossi quedó por detrás de la expresidenta de Costa Rica Rebeca Grynspan y de la candidata de Guyana, Carolyn Rodrígues-Birkett. El resultado no define la elección, pero ofrece una primera fotografía de las alianzas, reservas y rechazos que rodean a cada postulante.
Grynspan reunió diez votos favorables, uno negativo y cuatro abstenciones expresadas como “no opina”. Rodrígues-Birkett consiguió nueve respaldos, dos rechazos y cuatro respuestas indefinidas. Grossi, en cambio, sumó siete apoyos, dos votos en contra y seis países que prefirieron no tomar posición. La diferencia con las candidatas mejor ubicadas es relevante, aunque los gobiernos que respaldan al diplomático argentino sostienen que las votaciones preliminares cumplen, sobre todo, una función exploratoria.
Rafael Grossi para la ONU enfrenta su primer examen diplomático
El mecanismo de selección todavía atraviesa una etapa temprana. Los países observan el comportamiento de sus pares, evalúan el perfil de los candidatos y evitan comprometerse definitivamente antes de conocer la posición de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. En ese escenario, un resultado inicial puede cambiar a medida que avanzan las conversaciones bilaterales, las promesas de apoyo y las negociaciones regionales.
La próxima votación preliminar será un momento importante para medir si Grossi logró ampliar su base de respaldo. Desde el Gobierno argentino interpretan que las siete adhesiones constituyen una plataforma aprovechable, aunque reconocen que todavía necesita sumar voluntades para acercarse a los números de Grynspan y Rodrígues-Birkett. La candidatura, además, deberá atravesar una competencia con una dimensión política, regional y de género que excede los antecedentes profesionales de cada postulante.
Michelle Bachelet, expresidenta de Chile y candidata impulsada por Brasil y México, obtuvo seis votos favorables, cinco negativos y cuatro respuestas sin opinión. Su desempeño quedó por debajo del de Grossi en apoyos positivos, aunque el peso político de los países que promovieron su candidatura mantiene abierto el escenario. Más relegados aparecen Macky Sall, de Senegal; María Fernanda Espinosa, de Ecuador; y Olara Otunnu, respaldado por Uganda.
El respaldo del OIEA como principal carta de presentación
Grossi busca convertir su experiencia al frente del OIEA en una ventaja frente a sus competidores. Desde esa posición mantiene contactos permanentes con gobiernos de distintas orientaciones, participa en discusiones sobre seguridad nuclear y actúa como interlocutor en crisis internacionales que requieren diálogo técnico y diplomático. La Argentina sostiene que esa experiencia puede resultar valiosa para una organización atravesada por guerras, tensiones geopolíticas y dificultades para alcanzar acuerdos.
La función que Grossi desarrolla en el organismo atómico internacional le permitió dialogar con dirigentes de gran influencia global, entre ellos Vladimir Putin, Donald Trump y autoridades iraníes. Esa agenda es presentada por sus impulsores como una prueba de capacidad para negociar con actores enfrentados y sostener canales de comunicación incluso cuando el consenso político parece distante.
En abril, la revista Time incluyó a Grossi entre las cien personas más influyentes del mundo por su trabajo en el OIEA. La distinción fortaleció la visibilidad internacional de su candidatura y fue recibida con entusiasmo por el Gobierno argentino. Sin embargo, el reconocimiento público no se traduce automáticamente en votos dentro del Consejo de Seguridad, donde cada país pondera sus propios intereses y los equilibrios regionales.
La experiencia técnica no alcanza por sí sola
El perfil de Grossi combina conocimiento especializado, trayectoria diplomática y manejo de idiomas. La Cancillería argentina también destaca su capacidad para intervenir en contextos de conflicto y su presunto compromiso con la Carta de las Naciones Unidas. Aun así, la elección del secretario general exige una construcción política amplia, porque el cargo depende de la aceptación de gobiernos con agendas muy diferentes.
La imagen de un candidato técnico puede ser atractiva para quienes buscan una conducción profesional y capaz de mediar en crisis. Al mismo tiempo, algunos países pueden priorizar otros criterios, como la representación regional, la alternancia entre hombres y mujeres o la necesidad de recuperar legitimidad institucional. Por ese motivo, la campaña deberá comunicar la trayectoria de Grossi sin reducirla exclusivamente a su especialización nuclear.
La disputa por una conducción femenina también pesa
Uno de los factores que atraviesa la elección es la expectativa de que la próxima secretaria general sea una mujer. Organizaciones sociales, sectores diplomáticos y distintos actores vinculados al sistema multilateral vienen planteando esa posibilidad como una forma de corregir una deuda histórica en la conducción de la ONU. Hasta ahora, ninguna mujer ocupó la Secretaría General desde la creación de la organización.
Ese reclamo puede favorecer a candidatas como Grynspan, Rodrígues-Birkett, Bachelet o Espinosa, aunque no determina por sí solo el resultado. La elección también estará condicionada por acuerdos entre regiones, la posición de las principales potencias y la evaluación que cada gobierno haga de las prioridades de la organización. Para Grossi, el desafío consiste en demostrar que su eventual designación podría responder a una etapa de alta conflictividad sin desconocer la demanda de mayor representación femenina.
La cuestión de género no aparece aislada de la percepción política de cada candidatura. Los países pueden valorar tanto la experiencia como la posibilidad de enviar un mensaje institucional sobre inclusión, renovación y equilibrio. En ese punto, la campaña argentina necesita presentar argumentos capaces de dialogar con esas expectativas sin adoptar una postura defensiva.
El mensaje de Grossi sobre el papel de la ONU
Durante un encuentro organizado por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños en Montevideo, Grossi compartió una mirada sobre el tipo de liderazgo que considera necesario para la organización. En su intervención virtual reivindicó la figura de Javier Pérez de Cuéllar, diplomático peruano que fue secretario general entre 1982 y 1991.
Grossi recordó la participación de Pérez de Cuéllar en conflictos como la guerra entre Irán e Irak y las crisis vinculadas con Afganistán y Namibia. Su valoración apuntó a destacar una Secretaría General con capacidad de intervenir de manera concreta en asuntos de guerra y paz, en lugar de limitarse a emitir declaraciones o administrar desacuerdos entre los Estados miembros.
El planteo también incluyó una crítica a la conducción actual de la ONU, cuestionada públicamente por Donald Trump y Javier Milei. Para los impulsores de Grossi, esa posición puede ayudar a diferenciarlo de una continuidad automática. Sin embargo, también implica un riesgo: cualquier crítica a la organización debe equilibrarse con la necesidad de preservar su legitimidad y evitar que la candidatura sea interpretada como parte de una disputa política nacional.
El peso de Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido
Los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad —Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido— tendrán un papel decisivo en la etapa final. Aunque todavía no expresaron una preferencia firme, su postura puede modificar por completo el orden que surja de las votaciones preliminares. En la elección definitiva, un solo veto alcanza para bloquear a un candidato.
Esta regla convierte a la negociación con las potencias en una dimensión central de la campaña. No basta con reunir respaldos entre los miembros rotativos si alguno de los cinco permanentes considera que un postulante no resulta aceptable. Por eso, la experiencia de Grossi como interlocutor de gobiernos enfrentados puede ser presentada como una fortaleza, aunque su cercanía o distancia con determinadas posiciones internacionales también será examinada.
La definición final está prevista para fines de año y el nuevo secretario general asumirá el 1 de enero próximo. Hasta entonces, los candidatos deberán sostener una agenda intensa de reuniones, presentaciones y contactos con delegaciones. La diplomacia pública, la reputación internacional y la coherencia de los mensajes tendrán un papel relevante para consolidar apoyos.
La campaña argentina y las señales que deberá cuidar
La Casa Rosada avaló oficialmente la candidatura de Grossi en noviembre y la Cancillería puso en marcha una estrategia para promoverla a través de las representaciones argentinas en el exterior. También se conformó una comisión especial encabezada por el subsecretario de Política Exterior, Juan Manuel Navarro, con la misión de coordinar acciones de respaldo.
El Gobierno argentino sostiene que el alineamiento internacional de Milei no perjudicará al candidato. No obstante, la relación política con Trump y el voto argentino en algunas resoluciones de la ONU pueden influir en la lectura que otros países hagan de la postulación. La regularización de obligaciones pendientes con la organización, concretada en junio, fue otro elemento utilizado por la administración para mostrar una actitud de mayor normalización institucional.
La comunicación oficial tendrá que separar la trayectoria personal de Grossi de las decisiones coyunturales del Gobierno que lo impulsa. Una candidatura multilateral necesita transmitir previsibilidad, independencia y capacidad de diálogo. Si el nombre del postulante queda demasiado asociado a una sola corriente política, algunos países podrían considerar que su eventual gestión tendría dificultades para actuar como mediadora.
Qué debería observarse en la próxima votación sobre Grossi
La votación del 21 de agosto permitirá conocer si el candidato argentino conserva sus siete apoyos, suma nuevos respaldos o pierde parte de la base inicial. También será relevante observar la cantidad de votos negativos y de respuestas sin opinión. Una reducción de estas últimas podría indicar que los gobiernos comenzaron a tomar posición, mientras que un aumento de los rechazos marcaría un problema más difícil de revertir.
Además, habrá que seguir el comportamiento de los países latinoamericanos y caribeños. La presencia de cinco candidatos de la región fragmenta el respaldo disponible y vuelve complejas las negociaciones. Si alguno de los postulantes logra instalarse como una opción común, los demás podrían quedar obligados a negociar apoyos o retirar sus candidaturas.
Para las instituciones argentinas, la campaña también representa un ejercicio de comunicación internacional. Cada embajada, declaración pública y encuentro bilateral contribuye a formar una percepción sobre el candidato. La precisión de los mensajes, la presentación de antecedentes verificables y la capacidad para explicar qué tipo de liderazgo propone Grossi serán tan importantes como la cantidad de reuniones concretadas.
La visibilidad digital de una candidatura internacional también se disputa
Aunque la definición se resolverá mediante canales diplomáticos, la presencia digital influye en la manera en que una candidatura es comprendida por periodistas, organizaciones, especialistas y ciudadanos. Un sitio institucional claro, documentos accesibles, videos con subtítulos y una agenda pública ordenada pueden facilitar que la trayectoria de Grossi sea consultada sin depender de comunicados aislados.
Para organismos y gobiernos, la arquitectura de contenidos debería distinguir entre biografía, propuestas, experiencia en crisis, posiciones sobre la ONU y respaldos oficiales. Esa organización mejora la experiencia de usuario y permite que buscadores identifiquen cada aspecto de la candidatura. En WordPress, una estructura con categorías bien definidas, datos de autoría y documentos enlazados puede ayudar a sostener una comunicación profesional durante una campaña extensa.
La visibilidad orgánica también depende de la consistencia. Si una embajada publica una versión del perfil y otra representación utiliza datos diferentes, se generan dudas y se debilita la autoridad del mensaje. Una estrategia de posicionamiento web no reemplaza la diplomacia, pero sí puede ordenar la información pública, responder consultas frecuentes y hacer más accesibles los antecedentes de un candidato para audiencias de distintos países.
En el caso de empresas, universidades y organizaciones de Rosario o Santa Fe que trabajan con asuntos internacionales, el episodio ofrece una referencia concreta sobre la importancia de comunicar proyectos complejos con claridad. La reputación digital se construye con información verificable, lenguaje preciso y contenidos adaptados a públicos diversos, especialmente cuando la decisión depende de actores que consultan múltiples fuentes.
El resultado de Grossi no define todavía su futuro en la carrera por la Secretaría General. La diferencia con las candidatas mejor posicionadas obliga a reforzar la campaña, pero las próximas votaciones y las decisiones de los miembros permanentes pueden alterar el escenario. El diplomático argentino deberá convertir su experiencia en el OIEA en una propuesta política convincente, sostener una comunicación institucional consistente y ampliar sus apoyos sin quedar atrapado en las tensiones del Gobierno que impulsa su candidatura.
Preguntas frecuentes
¿Qué resultado obtuvo Rafael Grossi en la primera votación por la ONU?
Grossi recibió siete votos favorables, dos negativos y seis respuestas sin opinión entre los 15 miembros rotativos del Consejo de Seguridad. Quedó tercero, detrás de Rebeca Grynspan y Carolyn Rodrígues-Birkett. Se trató de una votación preliminar, por lo que no define la elección ni impide que el candidato argentino sume apoyos.
¿Quiénes quedaron mejor posicionadas que Rafael Grossi?
La expresidenta de Costa Rica Rebeca Grynspan obtuvo diez votos positivos y terminó primera. La candidata de Guyana, Carolyn Rodrígues-Birkett, consiguió nueve respaldos y quedó segunda. Grossi alcanzó siete adhesiones. También participa Michelle Bachelet, aunque en esta instancia recibió seis votos favorables.
¿Cuándo será la próxima votación preliminar?
La próxima votación preliminar está prevista para el 21 de agosto. Esa instancia permitirá comprobar si Grossi mantiene los apoyos obtenidos, suma nuevas adhesiones o enfrenta más rechazos. La elección definitiva se resolverá hacia fines de año y el nuevo secretario general asumirá el 1 de enero próximo.
¿Por qué los miembros permanentes son decisivos?
Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido son miembros permanentes del Consejo de Seguridad y tienen poder de veto. Aunque un candidato reúna apoyos entre los países no permanentes, un solo veto puede bloquear su designación. Por eso, las negociaciones con esas cinco potencias serán determinantes en la etapa final.
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